Mi experiencia con el Coronavirus – Cómo lo viví

Realmente contar cómo viví esta enfermedad no es algo que entrara en mis planes, de hecho, durante todo el tiempo que he estado aislado, en ningún momento pensaba ponerme a contarle a nadie lo que estaba viviendo.

No es algo de lo que quiera presumir, no son «heridas de guerra», no son «batallitas», tampoco es algo agradable para mi, pues, esta enfermedad (coronavirus o covid-19) la pasas a pelo, es decir, o tu cuerpo aguanta o te lleva por delante.

Pienso que mientras yo lo estaba pasando mal también había mucha gente pasándolo mal, incluso mucho peor que yo.

También creo que no es algo muy positivo para la psicología de todos los que estamos viviendo esto encerrados en nuestras casas. Todo el mundo tiene miedo y es normal, hay un exceso de información sobre el virus y lo cierto es que cuando te pones a analizar toda esa información te das cuenta de que aun no sabemos nada.

Por lo tanto, contar cómo se pasa el coronavirus no es algo, podríamos decir, «real». No es real porque a cada persona le afecta de una forma diferente, tiene unos síntomas diferentes y también lo vive de forma diferente.

El cómo te hayas contagiado tiene mucho que ver, el tema de la carga viral, que es la cantidad de virus que entran en tu cuerpo, es decir, no es lo mismo contagiarte de una sola persona que contagiarte de 10 personas.

El caso es que he decidido escribir mi experiencia porque varias personas me han animado a hacerlo y aunque han sido 12 días bastante duros, también me han pasado cosas mágicas.

Cómo me infecté de coronavirus

Esto es algo que es difícil de saber, por no decir que es imposible. Tenemos algunas sospechas, pero al final todos son suposiciones que no merecen la pena tener en cuenta, más aun cuando hoy por hoy no te hacen la prueba a menos que estés muy mal y te ingresen en el hospital.

En mi caso hay 2 familiares que también han pasado el coronavirus, casualmente en la misma fecha prácticamente, y aunque no he tenido contacto directo con ellos, sí que lo hemos tenido indirectamente, es decir, mediante otros familiares que sí han tenido contacto directo tanto conmigo como con ellos.

Por ahí puede ir la cosa, aunque realmente es algo que no podemos saber. Nosotros hemos salido, como todo el mundo, a comprar, a pasear, etc… por lo tanto en cualquiera de esas salidas hemos podido cogerlo.

Hay que tener en cuenta que el virus puede infectarte mediante otra persona o porque esté en algún sitio o cosa que toques. Por ejemplo, si una persona que está infectada va al supermercado y toca un producto que tú posteriormente también tocas, puedes contagiarte.

Igual pasa al sentarte en cualquier sitio público o al pasar por un sitio donde alguien infectado haya tosido, estornudado, etc… De hecho, hay estudios que dicen que el virus puede aguantar varias horas tanto en el aire como en superficies.

Yo empecé a presentar síntomas como una semana antes de comenzar con la fiebre. Me empezó a doler levemente la garganta y a tener una tos con una leve mucosidad durante varios días.

Síntomas a los que no le eché mucha cuenta debido a que todos los años por esta fecha me suele ocurrir lo mismo.

Yo empecé el aislamiento social antes del Estado de Alarma

¡Y menos mal que lo empecé antes!

Nosotros (mi mujer y yo) estamos bastante informados, desde el principio, de todo esto del Covid-19, por lo que seguimos a varios informadores, periodistas y doctores que contaban con pelos y señales todo lo que estaba ocurriendo en China y posteriormente en Italia. Aquí dejo algunas de las fuentes:

Esto nos hizo comenzar a prepararnos bastante antes de que el SARS-CoV-2 (coronavirus) llegara a España.

Decidimos preparar la despensa para tener alimentos y todo lo necesario para poder estar en casa 1 mes sin salir, por lo que una vez a la semana, cuando íbamos a comprar, comprábamos alimentos no perecederos.

Comenzamos en Febrero más o menos y cada vez que tocaba ir a hacer la compra añadíamos un poco más de lo habitual.

También decidimos tener menos contacto social tanto con la familia como con amigos e incluso, cada vez que íbamos a comprar, siempre evitábamos horas puntas e íbamos los lunes por la mañana que es cuando menos gente hay en el supermercado.

Evitar el contacto social

Esto creo que fue algo muy importante y que ha salvado a muchos familiares míos de haberse contagiado.

El día 7 de Marzo estábamos invitados a un cumpleaños familiar, pero decidimos no ir sobre todo porque mi mujer es asmática y es persona de riesgo, ella estuvo hablando con su médico y le dijo que lo más recomendable era evitar lugares con aglomeración de gente.

Posteriormente, el día 12 de Marzo, es el cumpleaños de mi hija y en el mismo intervalo de fecha (antes del día 5 de Marzo), decidimos avisar a la familia de que el cumpleaños de Noelia queda aplazado (suspendido) por el tema del coronavirus.

Menos mal que decidimos hacerlo así porque aunque todavía ninguno presentábamos síntomas claros de la enfermedad (mi hija, mi mujer y yo) está clarísimo que ya éramos portadores del virus.

Hay que tener en cuenta que el virus, antes de tener los primeros síntomas, puede estar en tu cuerpo incubándose y transmitiéndose, hasta 29 días, lo que quiere decir que nosotros a finales de febrero principios de Marzo ya teníamos el virus con nosotros.

Por lo tanto, ¡gracias!. Gracias a la vida, a Dios o a quien sea que esté ahí, porque de haber acudido a estas reuniones familiares e incluso haber celebrado el cumpleaños de mi hija, se habrían contagiado muchas otras personas.

Cómo comenzó  todo

El día posterior del cumpleaños de mi hija por la tarde ya empecé a tener décimas de fiebre (37,4 ºC) y esa misma noche llegué a los 39 ºC.

Mi mujer y mi hija, esa misma tarde también presentan síntomas (tienen febrícula las 2).

Esa tarde, el día 13 de Marzo, mi mujer y mi hija estaban echándose la siesta mientras yo estaba en el salón mirando el móvil.

El caso es que me sentí raro, era como una presión en la cabeza. Me toqué la frente con la mano y… «¡coño! parece que tengo fiebre». Cogí el termómetro que estaba guardado en el baño y me lo puse, cuando pitó y vi 37,4 ºC se me pasó de todo por la cabeza.

En ese momento la mente te juega malas pasadas, te pones nervioso, el corazón se acelera y comienzas a ponerte en lo peor.

«Ya está, he cogido el puto bicho ¿y ahora qué? ¿llamo al número del coronavirus? ¿Qué hago…? Bueno, relájate, vamos a sentarnos un rato y luego me tomo la temperatura de nuevo».

Pasan unos minutos, me tomo la temperatura y… 37,7 ºC (me estaba subiendo poco a poco).

Es en ese momento en que te das cuenta que no estás bien, sientes que algo raro pasa y que no es habitual los síntomas que tienes. La fiebre subía pero yo estaba tan normal, como si nada. Eso me llamaba enormemente la atención.

Cuando se despiertan mi mujer y mi hija se lo cuento a mi mujer y me dice: «pues yo tampoco me encuentro muy bien y la niña está muy caliente».

Un jarro de agua fría me calló por encima. Se ponen el termómetro y las 2 tienen 37 con algo.

«Mi hija de 2 años con coronavirus» es lo primero que piensas. «Pero no, no puede ser, esto es otra cosa (piensas), no podemos estar malos los 3, no creo que hallamos cogido el bicho»

En este momento la mente de un padre funciona diferente al resto de los mortales (los que tengáis hijos lo entenderéis). Es algo que no puedes explicar. Lo que piensas y lo que sientes es como una supernova a punto de explotar, así que lo que hice fue relajarme y dejar que pasara el tiempo.

Del día 1 al 4

El primer día que comenzó la fiebre, por la tarde, yo me sentía bien, incluso parecía que no tenía nada, la fiebre me fue subiendo progresivamente pero no tenía escalofríos ni nada, solo sentía que mi cuerpo estaba más caliente de lo normal.

Cuando me fui a acostar sí empecé a sentir cosas que me asustaron un poco. El pulso se me aceleró como si hubiera hecho un sprint corriendo de 100 metros, parecía que el corazón se me iba a salir y estaba acostado.

El corazón parecía que se me iba a salir por la boca, así estuve durante varias horas, pero de madrugada se ve que la taquicardia se me quitó. No obstante, contactamos con un amigo médico y nos dijo que era algo normal.

En los primero 4 días todo se desarrollaba bastante normal, pero había algo que no me encajaba porque yo no sentía nada, es decir, solo notaba que la temperatura de mi cuerpo subía hasta casi los 39 ºC. A veces sentía mucho calor y tenía que quitarme la camiseta y quedarme sin nada, parecía que estaba en verano.

Pero luego no tenía otros síntomas; ni tos, ni dolor, nada…, incluso tenía buen apetito.

Algo que me llamaba bastante la atención era que cuando te sube la fiebre sientes escalofríos y te pones a temblar, te entra mucho frío y te entran ganas de meterte en la cama, pero eso no me pasaba. Yo veía como me subía la temperatura corporal porque sentía el calor, pero nada más.

Ya en el día 4 empezó a aparecer la tos, sentía en la garganta como si tuviera pompas de jabón explotando al respirar y eso es lo que me provocaba la tos. Otras veces también tenía tos seca, pero en menor medida.

En cuanto a la respiración todo iba normal, podía respirar perfectamente.

Por otro lado, mi mujer en estos días tiene síntomas de ahogo y una leve tos, aunque nada grave. Mi hija no presenta síntomas (y eso es algo que nos tranquilizó bastante), solo tuvo esas décimas de fiebre el primer día junto con su madre y ya está.

A partir del día 5

Aquí se fue complicando la cosa, a partir del 5 o 6 día es cuando aumenta la carga viral (según estudios de la OMS), es decir, es cuando el virus se ha replicado más en tu cuerpo, por lo que normalmente es cuando suelen aparecer más complicaciones.

A partir de este día, comencé a sentirme más cansado, sobre todo cuando tenía fiebre, era como llegar de trabajar después de estar picando en una mina sin parar, era un cansancio monstruoso, algo que nunca me ha pasado ni había sentido, nunca he estado tan cansado.

Al ver que todo estaba empezando a cambiar, decidimos llamar al médico (bueno, decidió mi mujer porque yo no podía).

La fiebre me comenzaba a subir y me daban unos espasmos impresionantes, estaba «botando» literalmente en la cama, todo por el frío tan basto que sentía. Cuando esto ocurría, mi mujer se metía conmigo en la cama y me abrazaba fuertemente hasta que me subía la temperatura (fiebre) y ya cesaban los espasmos.

Todo era tan subrealista… «tranquilo… respira… ya está, todo pasará… shhhhhhh» me decía ella mientras sujetaba mi cuerpo prácticamente desbocado.

Ella me preguntaba: «¿Qué te pasa, qué sientes?» y yo contestaba «nada, me siento muy cansado»

-«Germán ¿te falta el aire?

-«No, estoy bien, cuando me sube la fiebre me canso mucho»

Cuando mi mujer habló con el médico por primera vez y le contó lo que estaba ocurriendo le dijo que eran síntomas normales del coronavirus, que no nos preocupáramos que esto duraría aproximadamente unos 15 días (arriba o abajo).

También le dijeron que era preferible llevarme el seguimiento en casa y evitar ir al hospital, ya que en el hospital podía empeorar debido a la carga viral. Al haber otros enfermos de covid-19 en el hospital se corría el riesgo de coger más carga viral.

Si no tenía síntomas de ahogo o asfixia se descarta totalmente esa opción.

Entonces le dijeron que me tomara paracetamol cuando me encontrara peor o si la fiebre subía mucho, y eso es lo que hice, me tomaba un paracetamol antes de ir a dormir para evitar los espasmos y la debilidad que me daba la fiebre.

Así, al menos, podía dormir bien. Lo cierto es que conseguí dormir bastante bien, prácticamente del tirón toda la noche.

Mi mujer me transmite todo lo que le dice el médico y nos quedamos más o menos conformes, más o menos tranquilos, pero con la incertidumbre y el miedo de qué pasará, de saber que estoy enfermo de coronavirus, de que tenemos una niña de 2 años…

Desde el día 6 y en adelante

Para mi, este día, el día 6, nunca lo olvidaré.

En este día me encontraba peor que el día anterior. La fiebre ya era constante, solo bajaba cuando me tomaba la pastilla (paracetamol) por la noche para dormir.

Mi mujer, viendo que estaba empeorando, vuelve a llamar a centro de salud, le cuenta al médico lo que pasa y le dice que me ponga yo al teléfono:

-«¡Hola Germán! cuéntame ¿Qué te pasa, qué síntomas tienes?

-«Tengo fiebre constante, 38 ºC, y me siento muy cansado cada vez que me sube; tengo tos seca y tos con moco, siento como que tengo pompas explotando en la garganta al respirar; también siento presión en el esternón, supongo que será del esfuerzo de toser.

-«¿Tienes dificultad para respirar o has tenido en algún momento?, Germán».

-«No, puedo respirar perfectamente».

-«Bueno, te vas a tomar el paracetamol cada 8 horas como un tratamiento y si ves que te sube la fiebre entre medias te tomas media pastilla de 1gr, es decir, cada 8 horas 1gr y cada 4 h puedes meter medio gramo si te sube mucho la fiebre. También te vas a tomar este jarabe que es para la tos y unos sobres que es uno al día para los mocos, para sacar todo lo que puedas tener en los pulmones.

-«Ok, muchas gracias.»

Mi mujer tiene que salir a comprar la medicación porque nadie puede suministrárnosla. Sí, sabemos que tenemos el virus, pero no podemos hacer otra cosa, así que antes de que abra la farmacia se va para allá, así se encontrará con menos gente.

Antes, se pasa por el centro de salud para recoger la receta y hablar con el médico. Simplemente le pide al médico que le explique el por qué me ha mandado esta medicación y por qué no viene nadie a verme a mi casa.

Su respuesta es clara:

«Estamos indignados, no nos dan material para protegernos y estamos en constante contacto con personas que tienen coronavirus, personas que están peor que tu marido. Yo mismo he estado intubando en el hospital de Antequera sin la protección adecuada, por lo que seguramente tengamos una carga viral alta que podemos transmitirle a tu marido.

Es más seguro, para él y para nosotros, hacerlo así. Si necesitas cualquier cosa llámanos por teléfono.»

También le dan a entender que en el hospital no se están haciendo las cosas bien, que no tienen el material necesario y que por lo tanto es un riesgo llevarme allí.

En esa misma mañana empiezo a tomarme la medicación y empiezo con el tratamiento.

La fiebre me baja unas 4 o 5 horas, cuando comienza a subir vuelven los espasmos y los escalofríos, el cansancio y la taquicardia.

Mi mujer me pregunta que qué me pasa, pero no puedo decirle nada nuevo, me pasa lo de siempre.

Ella me ve muy débil y la escucho llamar por teléfono a un amigo que es médico y a otros números del coronavirus, pero todos, al parecer, dicen lo mismo que nos dijo el médico. Es mejor que esté en casa y que siga con el tratamiento, esto durará unos 15 días.

La escucho llorar, fruto de la impotencia, del miedo, de la desesperación, supongo… Yo no puedo hacer nada, no tengo fuerzas casi ni para hablar, solo puedo decirle que se tranquilice, que «estoy bien», que puedo respirar bien…

Al momento la escucho correr por el pasillo jugando con mi hija. Mi hija se ríe con su madre, juega, baila, se lo pasa bien. Ella, después de todo, guarda fuerzas para reírse con mi hija, para hacerla reír, para hacerla feliz.

Esa misma noche, cuando mi hija se durmió, estuvimos hablando en el salón. Ella, mi mujer, lo primero que me preguntó es ¿Cómo estás?, pero la respuesta era siempre la misma:

«Tengo fiebre, me siento muy cansado»

Entiendo que para ella era muy frustrante, pues pasaban los días y mis respuestas eran siempre las mismas. Entonces decidió meterse en nuestra oficina y llamar al médico, aquí, al centro de salud donde me están atendiendo y haciendo el seguimiento.

Todo llorando, la escucho:

-«Por favor, mi marido está muy débil, no le baja la fiebre ¿es normal? ¿se puede hacer algo? estoy desesperada y no sé que hacer»

El médico le contesta que es un proceso y que suele llegar a llevar hasta 15 días de fiebre, que mientras no me ahogue es mejor que esté en casa.

Luego de tener una conversación sobre mi estado, bastante larga por cierto, le preguntó por nuestra hija.

-«Tenemos una niña pequeña, de 2 años, ¿Qué tengo que hacer?»

La respuesta fue bastante dura, la verdad, aunque si lo piensas sí, es de sentido común. Mi mujer viene al salón, llorando como una magdalena y me cuenta:

«El médico me ha dicho que la niña no puede estar en contacto con nosotros, que tienes que estar aislado y que lo mejor sería que la niña no estuviera aquí con nosotros. Me ha dicho que hablarán con asuntos sociales porque la niña no puede estar aquí, que a ver qué le dicen.»

Cuando escuché que se iban a llevar a mi hija… el mundo me pesaba más, eran sensaciones extrañas porque entre los síntomas que tenía y lo que acababa de escuchar, realmente no sabía qué hacer o qué decir, parecía que estaba soñando.

Y ya no es solo eso, es saber que le puede pasar algo a tu hija, que los niños no suelen tener síntomas, pero hay casos en los que sí. ¿Y mi mujer?, ella solo ha presentado síntomas leves, pero ¿y si empeora? ¿qué pasa con mi hija?. Eran muchas las preguntas y las angustias que sentía en ese momento.

Además, la enfermedad no te deja pensar con claridad, al menos a mi no. En esos momentos estás viviendo en otro planeta, es una sensación muy extraña.

Fue entonces cuando decidimos aislarme en una habitación, hacer pis en la habitación, comer y hacerlo todo ahí y salir únicamente para ducharme. Posteriormente, cada vez que saliera, había que desinfectarlo todo, todo lo que tocaba o allí donde pisaba, así estuve 12 días.

El peor momento

Esa misma noche del día 6 (podríamos decir que el día 7 ya) a las 1 y media de la madrugada me desperté con muchas ganas de orinar. Normalmente siempre tardo un poco en levantarme por pereza, creo que a todos nos da pereza levantarnos a hacer pis de madrugada.

Tenía calor, me había tomado media pastilla (como me dijo el médico) para bajar la fiebre, tenía más de 38, pero todavía no me había bajado.

Me levanté y me fui hacia el baño sin encender la luz para no molestar, mi mujer dormía con mi hija en otra habitación y dejaba la puerta abierta por si necesitaba algo.

Llegué al baño un poco mareado, encendí la luz y me puse a orinar. En ese momento sentí ganas de vomitar, pero no me dio tiempo ni a pensar cuando perdí la visión, comencé a verlo todo negro.

Mi instinto me llevó a sentarme en el suelo rápidamente, ya que estaba viendo que podía desmayarme y darme un golpe al caer (lo que supondría un problema bastante gordo).

Me quedé sentado en el suelo, frente al wc, sin fuerzas, muy muy cansado. Fue ahí cuando sentí miedo, pensaba que algo me estaba fallando, algo raro pasaba. Sentía el mismo cansancio que con la fiebre pero mucho, mucho más, realmente no podía ni hablar.

Cogí un poco de aire y, como pude, llamé a mi mujer:

-«¡Mami!»

Ella contestó, pero no pude devolverle respuesta, no podía, a penas veía. Tenía mucho calor, me quité la camiseta y ella llegó. No recuerdo que me dijo o que me decía, recuerdo que me cogió la cara y que me hablaba, me hablaba sin parar, me intentó levantar, lo consiguió.

Apoyado en ella y sin ver a penas, yo decía: «No puedo, no puedo, no puedo…» (aunque ella me ha confesado que no hablé en ese momento). Sin saber cómo, me desplomé en medio del pasillo, en la puerta de la habitación donde dormía mi hija.

Me quedé pálido, con los ojos abiertos, los labios blancos y sin respuesta. Según mi mujer, parecía que estaba muerto.

Los nervios se apoderaron de ella, la niña estaba dormida, yo sin consciencia en el suelo. Rápidamente fue a buscar el teléfono y se topó con un vaso de agua, lo cogió y me lo echó por la cabeza.

«Aaasssssssshhhhhhhhhhhhh… (un suspiro) seguido de una palabra: ¡Te quiero! ¡Te quiero mucho!» le dije.

-«¡Por favor, estamos en aislamiento, mi marido se ha desplomado en el suelo! Sí, la dirección es calle….»

«Tranquila, tranquila, estoy bien, te quiero, te quiero mucho, tranquila, tranquila….»

Mientras la ambulancia venía ella me decía:

«Germán, tienes que estar preparado, si te vas, si te tienes que ir, te llevan solo ¿vale? tienes que ser fuerte»

Yo contestaba: «Tranquila, estoy bien, no pasa nada»

A los 2 minutos llegó la ambulancia, la niña se despierta y ve cómo 3 médicos atienden a su padre. Los médicos le dicen a mi mujer que se lleve a la niña, que se ponga mascarilla.

Recuerdo esa mirada desde los brazos de su madre. Me miró y agachó la cabeza. Solo pude regalarle una sonrisa e intentar transmitirle que estaba bien.

Tenía todo bien salvo la tensión, está en 9/6, decía uno de los médicos que me atendió.

Me auscultaron y me dijeron que el pecho estaba bien, que no había nada raro y que siguiera con el tratamiento.

Fue un momento bastante duro. Mi hija me vio rodeado de médicos y de cacharros, evidentemente, aunque tenga 2 años, se dio cuenta de que algo raro estaba pasando. Primero duerme en otra habitación con mamá y luego se encuentra a papá rodeado de médicos en la habitación donde dormíamos todos.

Al parecer, esto que me había pasado eran parte de los síntomas que da esta enfermedad, por lo que sí, había una bajada de tensión, pero ¿qué la provoca? no se sabe.

Así que como me había tomado la pastilla un rato antes, la fiebre comenzó a bajarme y empecé a sentirme mejor. Los médicos se fueron y todos nos fuimos a dormir, bueno, todos menos mi mujer, que la escuché hablar hasta bien entrada la madrugada.

Desde el día 7 en adelante

A partir de aquí me encontraba muy débil, ya no quería comer ni siquiera beber, pero me obligaba. Me obligaba a beber al menos 2 o 3 litros de agua diario y a comer.

Mi mujer, varias veces en la noche se levantaba y venía a darme agua, me cogía, me levantaba y me daba un vaso de agua, así hasta varias veces.

Realmente tardaba la vida en comer porque no me entraba la comida, pero era importante estar bien nutrido e hidratado si no quería acarrearme algo peor.

Todos estos días, hasta el día 12, fueron igual. Según mi mujer, había momentos en que me ponía morado, como si me faltara aire. Yo realmente no lo sé, lo que si sé es que cuando me subía la fiebre parecía que llegaba de correr, se me aceleraba el pulso y la respiración.

Fueron muchas noches (desde ese día 6), en que escuchaba, desde mi aislamiento, a mi mujer hablar y llorar con los médicos diariamente, jugar con mi hija.

Mi hija, alguna vez se paraba tras la puerta de la habitación y me decía hola, pegaba, etc… Ella sabía que estaba ahí, que algo raro le pasaba a papá.

Mi conexión con el mundo espiritual

En estos días, desde el día 6 en adelante, por la noche, en mi aislamiento, me encomendaba a los espíritus buenos, a Dios y a esos familiares que ya no están.

Les pedía ayuda para que mi mujer dejara de sufrir y que a mi hija no le afectara demasiado todo lo que estaba viviendo.

Mi abuelo, como no podía de ser de otra forma, estuvo conmigo una noche. Lo llamé (internamente) y le dije que me ayudara a acabar con este maldito bicho. En la oscuridad de esa noche, de cerrar los ojos, veía su rostro perfectamente, pero además sus manos, perfectas, con esos dedos bastos que tenía, sus uñas redondeadas y un poco abombadas.

¡Era perfecto, lo veía perfecto! Movía sus manos sobre mi haciendo movimientos repetitivos, como cuando vemos a un hechicero o curandero recitar una oración sobre una persona que quiere curar.

Fue increíble, no faltaba detalle, estaba ahí.

Otra noche le pedí a los espíritus buenos que por favor me ayudaran a eliminar el virus de mi cuerpo. Pensé en ellos y repetía una y otra vez que me ayudaran.

Y otra de esas noches le pedí a Dios, le dije que yo tenía que recuperarme, que aun me quedaban muchas cosas por hacer y que, yo, tenía que hacer cosas buenas por los demás, que tenía que llegar a los demás y ayudar de alguna forma, que me ayudara a conseguirlo.

Le dije que más que ayudarme con la enfermedad, me ayudara a saber ayudar a aquellos que necesiten la ayuda, que me ayude a poder llevar el mensaje a esas personas que lo necesitan.

«Yo no te pido que me quites esto de la noche a la mañana, solo te pido que me ayudes a despertar esas consciencias que lo necesiten» Eso fue lo que le dije exactamente.

La recuperación

Llegado el día 11, todavía con fiebre, cansancio y con los mismos síntomas, ya estábamos algo preocupados porque los médicos me dijeron que si llegaba al día 15 con fiebre me tenían que llevar al hospital.

Entonces esa noche me pasó algo curioso (del día 11). Ya estaba cansado, pero cansado de este puto virus, de llevar ya 11 días con fiebre y pasando por todo lo que pasamos. Era rabia y coraje.

Esa noche me fui a la cama y me tomé la temperatura (38 ºc), pero me dije: «Esta noche o revientas tú o reviento yo hijo de….., pero no me voy a tomar nada».

Estuve toda la noche con 38 ºC de fiebre y curiosamente (o milagrosamente) al levantarme por la mañana tenía 37,7 ºC (serían las 7 de la mañana aprox.), a las 9 más o menos me tomo la temperatura y ya estoy en 36,6 ºC.

Desde esa noche se acabó la fiebre hasta hoy. Esa mañana me llamó el médico, le conté cómo estaba y me dijo que entonces intentara hacer lo mismo durante el día, que si me subía la fiebre no me tomara nada, pero no hizo falta, porque hasta hoy he ido mejorando.

Después de la fiebre te quedan algunos días de tos y mucho cansancio. Perdí unos 6 kilos con todo este jaleo, así que alimentarme bien es algo esencial ahora. Ya me ha vuelto el apetito y a día de hoy estoy casi al 100%.

Así que bueno, esta es mi historia. Me ha costado escribirla porque recordar ciertos momentos te hacen emocionarte.

Reflexión

Después de todo, me he dado cuenta de lo mucho que quiero a mi mujer, a mi hija y a mi familia. ¡Gracias!, es lo que le digo cada día a mi mujer por haber hecho todo lo que ha hecho por mi. Ella dice que el campeón soy yo por haber matado al bicho, pero yo creo que sin ella igual no sé que habría pasado.

Es difícil enfrentar una cosa así cuando todo el mundo tiene que estar aislado, cuando tienes niños y cuando el sistema no te ayuda en nada.

Nosotros decidimos empezar a aislarnos con anterioridad y empezar a llenar la despensa, menos mal, porque si no, no sé que habríamos hecho. También una vecina nuestra se ha volcado con nosotros de forma increíble, nos compraba el pan cada día y nos traía frutas, verduras, huevos, etc… y nos lo dejaba en la puerta de casa.

Así que lo único que te digo es que te cuides y que cuides de los tuyos en estos momentos, que uses el sentido común y que pienses que vamos a salir de esta situación porque no nos queda de otra.

¿Te gustaría recibir mis nuevos artículos?
Suscríbete y estaremos en contacto por email

12 comentarios en “Mi experiencia con el Coronavirus – Cómo lo viví”

  1. Bravo👏🏻👏🏻👏🏻
    Casi he podido sentir lo que transmite las letras escritas.
    Por un lado siento mucho lo que te ha ocurrido pero por otro lado tengo que darte la enhorabuena por tanta resistencia y perseverancia durante el proceso, tu disciplina, fe y sobre todo el apoyo incondicional de Ana junto a las miradas tiernas de Noelia han sido el medicamento más eficaz. Has sido muy valiente!! Estoy loca por escucharte en persona, sacaremos muchísimos conclusiones de esta asco sociedad en la que vivimos 🌈🥂🌠👨‍👩‍👧❤️

    Responder
    • Muchas gracias Encarni!

      Afortunadamente ya estoy casi al 100%, ahora cuidarse e intentar entre todos que esto pase pronto.

      De verdad, gracias a tu marido por su comprensión y su ayuda en todo momento. No puedo estar más agradecido. Dale un abrazo fuerte y otro para ti.

      Espero que nos veamos pronto. Besos y abrazos!!

      Responder
  2. Me he quedado helada
    No sabía nada
    Llevo casi un año sin conectarme a este Facebook
    Dios os bendiga.
    Por favor !!!
    Que se vaya a la mierda éste maldito virus!!,
    Soy prima de tu madre y me he quedado uffffff
    Un fuerte abrazo de luz
    Y doy gracias a la vida que ya estés bien
    😘😘😘

    Responder
  3. Enhorabuena German me alegro muchísimo que ya todo haya pasado y de verdad que es un relato muy emotivo y desgarrador a la, vez como has tenido que sufrir pero ya todo pasó y ahora a recuperarse guapísimo y de verdad que me alegro de todo corazón que estéis bien un beso muy grande

    Responder
  4. Dá mucho miedo, si apenas 3 dias con fiebre es un martirio no se diga los que tu pasaste, oye felicita a tú mujer de mi parte, ella ha sido tu ayuda idónea valorala mucho más hoy la verdad que sobreviviste gracias a Dios y su asistencia, sólo imagínate las personas solas sin quien les cocine o pase agua oye eres afortunado Germán tienes una oportunidad de vida más.

    Responder
    • Hola Fared,

      Gracias! Sí, valoro a mi mujer y mi familia más que a nada en el mundo. Ella ha sido mi pilar fundamental, en este momento y siempre, por eso agradezco cada día haberme encontrado con ella en esta vida.

      Un saludo!

      Responder
  5. Me alegro muchísimo que estés mejor y que hayas decidido contar tu dura experiencia con con esta terrible enfermedad. En estos momentos habrán miles de personas que estarán empezando la batalla contra este maldito virus y con tu relato estás dando luz y esperanza de que se puede vencer.

    Tú lo has conseguido al igual que otras personas, por ser previsor y no creerte lo que nos quieren «vender», por pensar en todos los que te rodean, por luchar con todas tus fuerzas, por tu hija, tu mujer y tu familia. Con la ayuda de todos ellos y cómo no también de esas energías, seres espirituales (llámalos como quieras) que nos rodean y siempre están ahí para echarnos una mano cuando lo necesitamos.

    Ojalá que pronto acabemos con este «bicho» que tanto daño esta haciendo a la humanidad, en todos los ámbitos de esta loca sociedad donde nos ha tocado vivir.

    Si cómo mínimo nos sirva la situación que estamos viviendo para cambiar nuestra mentalidad, dar el justo valor a cada cosa que se tiene y hacernos mejores personas, habrá merecido la pena.

    Cuidaros mucho.

    Eres Grande Germán.

    Responder
    • Hola Rafi, qué sorpresa!

      Me alegro mucho de que te pases por aquí 🙂

      Tus palabras, las que me acabas de escribir, encierran mensajes que pocos pueden ver 😉 .

      Nosotros ya sabíamos desde hace meses que algo gordo iba a pasar a nivel mundial, que este 2020 iba ser decisivo (y va a ser) en muchos aspectos de la vida humana, pero todo esto no me daría para un post, sino para un libro 🙂

      La Astrología nos ha ayudado mucho, pero son cosas delicadas de contar o airear para mentes que no están preparadas, que no ven más allá de sus ojos y sus sentidos.

      Por eso nos prevenimos de muchas cosas sin esperar que nadie nos dijera lo que teníamos que hacer (la TV).

      Vienen cambios y tiempos difíciles (es lo que tenemos que vivir).

      Un abrazo para ti, tu marido y tus niñ@s.

      ¡Muchas gracias y cuidaros, espero veros pronto!

      Responder
  6. Hola German.

    No te conozco de nada (bueno a tu madre si, coincidimos algunas mañanas haciendo fotos en el paseo marítimo y la sigo desde hace tiempo).

    Casualmente he llegado a leer por completo tu relato de lo vivido por el Coronavirus, y se me han puesto los pelos de punta.

    Ante todo quiero darte la enhorabuena por haberlo vencido y por esa maravillosa familia que tienes. Pero lo que realmente quiero, es agradecerte que hayas compartido tu experiencia, con los demás. Créeme si te digo que me has ayudado mucho a comprender lo que de verdad está pasando.

    Espero que tu experiencia, llegue a mucha gente y se hagan más responsables en su forma de actuar, ya que de seguir así, nos va a costar mucho salir de esta pesadilla.

    Muchas gracias y un fuerte abrazo.

    Responder

Deja un comentario